No obstante, con el tiempo, comprendemos que se trata de una empresa imposible y que, hagamos lo que hagamos, nunca podremos hallar la felicidad en el mundo. En ese momento llegamos a una clara convicción: no estamos dispuestos a pasar otra vida, otro año, ni siquiera otro minuto entregados a una lucha inútil. Llenos de frustración y desesperanza, nos damos por vencidos.
Es éste un momento inquietante y angustioso en la vida de una persona, pues parece que se ha tocado fondo. Significa la muerte del ego; la forma (es decir, el cuerpo y la mente), al comprender la inutilidad de vivir como vive, abandona la lucha. Prefiere morir a seguir esforzándose en vano. Por ese motivo, en tales ocasiones, se suelen tener pensamientos y sentimientos relacionados con la muerte, y se sufre, a veces, la pérdida de un miembro de la familia o de un amigo íntimo. Hay quienes generan una grave enfermedad, sufren un accidente o viven dolorosas crisis en esa época; algunos contemplan la idea del suicidio o llegan a intentar quitarse la vida.
Nunca hay que olvidar, sin embargo, que la hora más oscura precede, sin duda alguna, al amanecer. Cuando abandonamos la lucha por encontrar satisfacción fuera de nosotros, no nos queda más sitio adonde ir que nuestro interior. Así, cuando suponemos que vamos a tocar fondo, caemos, en cambio, a través de una trampilla practicada en el suelo, a un nuevo mundo resplandeciente, el mundo del espíritu.
En ese nuevo mundo somos como niños que no saben cómo han de vivir, ya que en él carecen de validez nuestras antiguas costumbres. Nos sentimos indecisos e incapaces de dominar la situación porque nuestro ego ya no tiene el mando. Sin embargo, como la esperanza renace con nosotros, comienzan a manifestarse la fuerza y la sabiduría y, a partir de ese momento, nos sentimos cada vez más "iluminados".
Hay una bella analogía de Ram Dass que explica este proceso. La compara con un reloj, donde las doce marcan el punto de partida. De las doce a las tres, la vida humana está totalmente perdida en la visión engañosa de la forma. Desde las tres hasta las seis, se produce una desilusión gradual con respecto al mundo externo; a las seis se toca fondo, y lo damos todo por perdido. Sin embargo, justo al pasar esa hora, las seis, comenzamos a despertar al espíritu, por lo que de las seis a las doce se da una iluminación creciente. Todos atravesamos las diversas etapas descritas.
Al volver a descubrir por vez primera el espíritu, solemos vernos impulsados a alimentar y cultivar esa nueva conciencia. A menudo, esto requiere alejarse del mundo, en mayor o menor grado, con objeto de profundizar más en nuestro interior. Algunos lo hacen pasando más tiempo en contacto con la naturaleza; otros practican la meditación o asisten a retiros espirituales, y hay a quienes les basta con dedicar más tiempo a estar solos y tranquilos.
Para algunas personas, esta fase puede durar toda una vida, incluso varias; para otras, quizá sólo dura unas semanas o unos meses. Como cada ser humano es único, cada uno experimenta ese movimiento interior de modo distinto".
SHAKTI GAWAIN ( http://www.na-pr.com/articles/216/1/Una ... Page1.html)
Un Abrazo amigos.
Spirigonzalez







