Por Vivi Cervera en Junio 8, 2009
Una de las mejores experiencias de mi mundo, que estoy segura es el mismo tuyo, consiste en comprender el poder que tiene una letra en la composición de una palabra así como el poder que tiene su sonido cuando es pronunciada. Con una palabra podemos sanar o enfermar, vivir o morir, es algo muy sencillo y aún así, a veces parece que lo olvidamos. Creo que el significado de la palabra ‘sida’ es el que yo le he dado en este escrito porque con ello manifiesto mi intención de que comencemos a comprender una serie de síntomas que forman parte de nuestra evolución y que no pertenecen únicamente a un sector de nuestra sociedad, porque en realidad son una parte de nuestra conciencia colectiva de la cual cada uno de nosotros es responsable, si así lo desea asumir. Escribo para ti, esperando que comprendas que si me estás leyendo ahora es porque tienes en tus manos la oportunidad de sanar un recuerdo que aún vive en ti o de lo contrario no estarías aquí. También escribo para aquellos que no comprenden aún, el hecho de que creamos todo lo que llega a nuestra vida por medio de los pensamientos; creo que este escrito ilumina el sendero oscuro que es transitado a diario por muchas personas que se sienten enfermas (de cualquier cosa) o que pasan por un difícil momento con algún ser querido por causa de ello.
Cuando una persona recibe la noticia de que tiene sida, siente que el mundo se cae a pedazos frente a sus ojos sin que pueda hacer algo para evitarlo. Casi siempre el primer paso consiste en comenzar una lucha desenfrenada en contra de la enfermedad por medio de la medicina tradicional o en la búsqueda desesperada de algún otro método que elimine, erradique, borre y suprima todo lo que se está sintiendo. Esto es completamente natural porque nuestra naturaleza ha sido diseñada para defenderse de lo que considera un enemigo y así mismo vemos al síntoma que llega a nuestros sentidos únicamente para anunciarnos que hay un pensamiento errado en el sistema y que necesita ser corregido o transmutado. La causa del sida es muy conocida: es la reproducción de un recuerdo que se manifiesta como falta de amor, no aceptación y un gran porcentaje de culpa. Inicialmente era contraída por drogadictos y después pasó a ser casi propiedad de los homosexuales, para dar el gran salto y afectar también a la comunidad heterosexual, por consiguiente a los niños. A diferencia con el cáncer que es algo de carácter personal porque no se transmite, el sida es un virus que se contagia por medio del semen o de la sangre, lo que le hace una enfermedad de índole social, colectiva, no personal, no individual. Esto es una demostración más de lo que significa tener en cada uno de nosotros un pensamiento erróneo que ha sembrado el terror durante mucho tiempo en la raza humana.
Cuando escuchamos que una persona conocida o amiga ha contraído el virus o que ha fallecido, pensamos que ha sido castigada(o) por Dios por sus “tendencias”, “malas actitudes” o por su “promiscuidad”, y pocas veces nos detenemos a pensar en que la única diferencia entre él/ella y tú/yo es que nosotros no fuimos quienes recibimos el diagnóstico y por eso no desarrollamos los síntomas, pero a estas alturas ¿Qué más da? Si alguien que conoces está pasando por una experiencia como esta, tú no estás excluida(o), eres parte activa en su proceso de curación porque cuando una parte del sistema deja de funcionar, todos sus miembros lo resienten y el planeta entero se ve afectado. Es algo tan colectivo que tú te has sentido obligada(o) a tomar precauciones al tener intimidad con alguien, así que entre más conciencia tengamos de nuestro papel en la sociedad como el origen o el fin de sus calamidades, entonces más salud y más amor estamos generando para nuestra propia existencia.
Hablar de sida es referirnos a una célula (entre millones) que está trabajando segregada, a un pequeño organismo que ha decidido alcanzar su independencia a costa de la salud de la persona que la mantiene, esta célula no tiene en cuenta a las demás y pretende armar su propio grupo de células que piensan igual que ella y que sólo anhelan destruir al sistema inmunológico para hacerse libres e inmortales; pero no logran darse cuenta de que en ese viaje hacia la inmortalidad están sacrificando a su huésped y le están llevando hacia su propia destrucción, lo cual también acabará irremediablemente con ellas, ya que no pueden sobrevivir fuera del cuerpo humano. ¿Este comportamiento individualista no te recuerda algo muy personal? A mí sí. Es que así solíamos comportarnos (por no hablar en tiempo presente), pensamos: oh qué pena, estás enferma(o) cuando en realidad es: oh qué pena, vives en mí y no me había dado cuenta de que yo fui quien enfermó!. Recordemos que todo lo que ocurre en el exterior es un fiel reflejo de lo que ocurre en nuestro interior, en la conciencia de cada ser humano. Y esta es la voz de mi conciencia.
Espero que esa ceguera colectiva de la que habla Daniel Goleman en su libro Psicología del autoengaño, sea parte de nuestra historia y no se haga presente a la hora de recibir con los brazos abiertos a la única posibilidad de curación que tiene la humanidad: esa posibilidad es el amor. Tal vez -sólo tal vez- se haya convertido en un “cliché” o en un término new age, pero si observas bien, no tenemos mucho de donde escoger. O aprendemos a amarnos o continuamos descendiendo en caída libre. Actualmente es más probable morir por padecer diabetes o cáncer que por el sida, creo que los seres humanos de alguna manera hemos diseñado una muralla defensora que extienda nuestra propia vida hasta que el principio sanador pueda ser reconocido.
Permíteme aprender y de paso enseñarte como amarnos lo suficiente para sanar. Creo que es fundamental el dejar de luchar contra un enemigo imaginario (esta palabra y esta guerra me recuerda a la de Moliére con El enfermo imaginario), porque en realidad hay que dejar de luchar porque eso nos pone al nivel de la célula independiente que ha creado todo el caos, recuerdas? La lucha incluye miedo, terror, pánico y excluye totalmente al amor, que finalmente es la energía creadora que estamos anclando al planeta Tierra a partir de este instante. Todos sentimos una gran inseguridad al aceptar una enfermedad porque creemos que ella se quedará para siempre en nosotros y esto es porque ignoramos que ella ya estaba en nosotros. Es el sida quien nos recuerda la necesidad de volver a empezar, de amarnos, de entregarnos no sólo a nivel físico sino de involucrar al afecto en cada relación que tenemos. El sida, observado desde un punto de vista holístico es la voz que nos dice que hay que olvidar el significado que le hemos dado a la muerte, que no es necesario morir por haber enfermado, que somos los dueños de la vida, los dueños del mundo, que estamos mucho más allá de ser enterrados por no amarnos lo suficiente. El sida no precisa ser destruido, sólo necesita ser comprendido, escuchado, valorado. Esto es como cuando una serpiente muerde a alguien, la única posibilidad de salvación para esa persona se encuentra en el antídoto que es el mismo veneno de la serpiente, que necesita ser reincorporado al cuerpo para darle vida. Es por medio de este mecanismo como llega la mañana, justo después de la noche, para que exista un día completo, un día perfecto.
He podido resumir un tema que puede ser el contenido de un libro, en un escrito para este sitio web que sé que has hecho tuyo, porque esa es mi intención. Si quieres una herramienta perfecta para sanar aún más tu ser, tu alma, tu conciencia, tu vida, entonces tienes a ho’oponopono, que integra 4 palabras mágicas que esperan que tú las pronuncies indefinidamente, sin esperar sanarte, sin que te pongas condiciones, sin que puedas crear metas, sin que anheles resultados. Eso es amor. Sólo Dios, tú y las palabras sanadoras, borrando recuerdos, eliminando memorias, deteniendo al tiempo, convirtiendo el plomo en oro, sanando tu alma.
Recuerda cuatro cosas: 1. El conocimiento te hará libre, lee todo que llegue a ti, aún en lo que consideramos impuro o profano hay señales de la divinidad. 2. Atesora los mensajes que crees que provienen del Cielo. 3. Pronuncia por siempre, como un pacto sagrado con tu Ser las palabras: Lo siento. Perdóname. Te amo. Gracias. Y 4. El sida no es tu cárcel, es tu pase a la libertad, tu puerta al conocimiento y entre más le ames más te guiará hacia la paz que es tu derecho. Generalmente la enfermedad es una respuesta divina.
Este escrito está dedicado a una gran amiga, alguien a quien quiero mucho y que sé que con ojos vivos y amplia sonrisa me está leyendo en este instante porque sabe que fue ella quien me enseñó a valorar aún más mi vida y a diferenciar los abrazos de oso polar de los de oso tropical. También está dedicado a las almas valientes, a los seres humanos que ya no están aquí físicamente pero que comparten nuestra experiencia sanadora; a todas las guerreras y guerreros que a diario lo intentan, que se encuentran unidos a mí por medio de cordones etéricos invisibles que transportan energía vital y que permiten la curación global. A todos ustedes gracias infinitas, de corazón lo siento, perdón, los amo.
Bibliografía: Thorwald y Rudiger (La enfermedad como camino).
Pd. Si tienes oportunidad de asistir a mi próxima conferencia: “Ho’oponopono y autoestima” en el Museo El Tamux en Cd. Victoria, Tamaulipas, México; hazlo. Regálate la oportunidad de descubrirte y valorarte. Si requieres información haz clic sobre el banner que hace referencia al evento o escribe a contactovivicervera@gmail. Aquí en este artículo sólo aprobaré comentarios referentes al “tema del post”, nada respecto de la conferencia. Al comentar dime desde qué país lo haces. Gracias.




