DIETAS

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Recetas y secretos del arte culinario

DIETAS

Notapor Betina Arredondo-Olivo el Mar Mar 11, 2008 2:02 pm

:amor: :amor: :amor:

DIETAS
(1 de 3)
Por Paul Brunton, Ph. D.

El principal cambio en los hábitos alimenticios es pasar de una dieta con carne a una sin carne. Ese también es el primer paso en el camino espiritual, el primer acto que expresa que se consideran necesarias la rectitud, la justicia, la compasión y la pureza para alcanzar a una vida humana y sensible, opuesta a la vida animal.

El alimento no suministra energía directamente, sino que su presencia en los procesos metabólicos actúa como un canal para que la energía se libere en el cuerpo. Por esa razón, quienes pasan plenamente por el proceso purificador de la Búsqueda, con lo cual se regenera el cuerpo, no sólo necesitan menos alimentos que los demás, sino que también pueden subsistir con alimentos más delicados.

Es un error comer cuando se está mentalmente fatigado o emocionalmente perturbado. El beneficio del alimento quedará anulado por la mala digestión.

La persona necesita descubrir, por experiencia propia, lo que su estómago puede digerir con facilidad y no comer nada más que eso. Esta es una regla. Debe comer sólo la cantidad de esos alimentos que su cuerpo necesite, siempre menos de lo que sugieren las costumbres y la sociedad.

Recibimos mucha información errónea respecto a las dietas a través de la tradición ignorante y la herencia irreflexiva.

Probando, se puede descubrir lo que el estómago acepta y lo que no. Al notar síntomas físicos o mentales desagradables, tales como dolor de cabeza o pesadez de estómago, se debe evitar ese alimento y observar si se produce alguna diferencia en el estado. Si no la hay, no es el alimento, sino otra cosa la que está provocando el malestar.

Comer más de lo necesario ni genera fuerza ni beneficia. Al contrario, perjudica. En vez de fortalecernos, nos debilita. En vez de beneficiarnos, nos envenena.

Lo que de hecho ocurre es que el cuerpo recuerda haber sido alimentado a determinadas horas y con determinados alimentos. Esa memoria se integró en su subconsciente y es el origen del deseo de repetir la experiencia. En realidad el hábito es mental, aunque parezca físico.

Las personas más materialistas necesitan una alimentación pesada, mientras que las más espirituales necesitan una alimentación leve y digerible para no entorpecer la sensibilidad.

El poder restaurador de la naturaleza, en general, intenta curar al cuerpo o corregir sus funciones; pero la gula, el error, la ignorancia y la entrega al placer, profundamente arraigados en el hombre, con frecuencia colocan demasiados obstáculos para que se produzca ese resultado deseable.

Extractos de libro THE BODY
Volumen IV de The Notebooks of Paul Brunton

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Notapor Betina Arredondo-Olivo el Mié Mar 12, 2008 10:48 am

:amor: :amor: :amor:

DIETAS
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Por Paul Brunton, Ph. D.

Cuando el hombre se entrega a la continua y permanente excitación sexual como parte de su vida - en contraste con los animales salvajes, que entran en celo en períodos específicos - la causa no radica en la naturaleza diferente de la que fue dotado, sino en el exceso de nutrientes absorbidos por su organismo. Para probar su veracidad, basta tomar como ejemplo a los animales domésticos que, cuando se alimentan en exceso, se excitan con más frecuencia que los salvajes.

Si examináramos el período prehistórico de la humanidad y no sólo su último siglo, verificaríamos que se ha reducido el tiempo de vida y que el estado del cuerpo se ha deteriorado con nuevas enfermedades. En ambos casos, parte de su causa se encuentra en la alteración de sus hábitos alimenticios, pero la mayor parte, en sus hábitos sexuales irrestrictos.

Se han consumido alimentos inferiores y hasta perjudiciales durante tanto tiempo que la mayoría de las personas se han enviciado y, al usarlos continuamente, comenzaron a saborearlos. Es verdad que muchos de esos alimentos han formado parte de la dieta civilizada por muchas generaciones, pero la duración de un error no lo minimiza ni justifica su perpetuación.

Necesitamos ampliar nuestra definición de pecado. También es pecaminoso violar las leyes de la higiene, entregarse a hábitos que envenenan o desvitalizan y comer lo que se obtiene de la matanza.

Un animal en un matadero o perseguido por perros de caza siente mucho miedo. Eso estimula sus glándulas productoras de adrenalina, que liberan material tóxico en su cuerpo. Quien ingiere la carne de ese animal podrá recibir proteínas y vigor, pero también estará recibiendo material indeseable.

Nuestros apetitos se han pervertido, nuestros deseos de alimentos se han tornado mórbidos. Ingerimos cantidades que el cuerpo no necesita realmente. Los hábitos alimenticios convencionales son patrones falsos que establecemos para vivir. Podríamos mantenernos perfectamente con menos proteinas ricas, concentradas y estimulantes.

La carne es un alimento de elevada putrefacción, se descompone mucho más rápido que las hortalizas o que los granos. Si no se digiere y elimina del cuerpo en un período de tiempo normal, ese factor de putrefacción podrá ocasionar ciertas enfermedades. Por eso, los vegetarianos sufren menos de esas enfermedades que los carnívoros.

Nunca hubo tantas muertes ocasionadas por enfermedades de los vasos sanguíneos, incluyendo el mayor de todos: el corazón. ¿A qué se debe esto? El aumento de la ingesta de carne en la alimentacíon llevó a la incorporación de mayores cantidades de sangre animal en el cuerpo.

No deberíamos estar de acuerdo en abosrber las características psíquicas de un animal, características que vienen con su carne y especialmente con su sangre.

Científicamente, la leche es sangre modificada, y los huevos, pollitos que no llegaron a nacer.

Que la leche es preferible a la carne como fuente de proteína animal es correcto; pero aceptar que necesitamos proteína animal, como enseña la ciencia, es erróneo. Eso no es verdad, pero los hábitos de la raza humana, mantenidos tanto tiempo, hicieron que lo pareciera.

La afirmación de la fisiología de que los tejidos necesitan ser nutridos con proteínas para reparar su desgaste es un dogma bastante exagerado. Sólo necesitan un poco de proteína, bastan unos pocos gramos. La alimentacíon del hombre común es demasiado rica en proteínas; por eso, el organismo tiene que trabajar para librarse de ese exceso, aumentando así la producción de residuos y consumiendo vitalidad innecesariamente.

Si el exceso de proteína es desaconsejable porque se transforma en productos tóxicos y ácidos destructivos, su ausencia también se desaconseja porque disminuye mucho el peso y la resistencia.

Ni la carne ni el alcohol son indispensables para el cuerpo. Ni la salud ni el paladar sufrirán con su ausencia. Reduciendo gradualmente su consumo - o eliminándolo de una vez, si la persona así lo prefiere y si es capaz de hacerlo -, el deseo desaparecerá por completo con el tiempo.

Extractos de libro THE BODY
Volumen IV de The Notebooks of Paul Brunton

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Notapor Betina Arredondo-Olivo el Mié Mar 12, 2008 10:51 am

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DIETAS
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Por Paul Brunton, Ph. D.

La sal es innecesaria en la dieta. La mayor parte de las personas consume mucha sal por mero hábito, lo cual a su vez la hace parecer casi una necesidad para el cuerpo. Los aspirantes espirituales se sienten mucho mejor sin la sal, irritante artificial que crea barreras adicionales al progreso. La ciencia cree que en las regiones cálidas se necesita consumir sal para reponer lo que se pierde con la transpiración. El hecho es que no habría pérdida alguna si no se hubiera ingerido sal; esta es la verdadera causa de dicho círculo vicioso.

Las legumbres son muy apreciadas por los vegetarianos, por ser muy proteícas y agradables al paladar. Pero también producen gases y son un poco indigestas. Igualmente, si se las ingiere, se aconseja consumirlas en pequeñas cantidades.

No es solamente el calentamiento artificial de los alimentos lo que disminuye sus cualidades nutritivas, vitalizantes y curativas, sino que, en menor escala, ocurre lo mismo cuando se marchitan naturalmente. Sin embargo, los métodos científicos para preservar y refrigerar o para conservar los alimentos frescos producen nuevos males que anulan el valor de sus beneficios.

El movimiento es circular. Los malos hábitos alimenticios pueden producir exceso de bilis. Esto, a su vez, provoca depresión, irritabilidad y una visión crítica de las personas y de los acontecimientos. Por otra parte, quien comienza con esa visión también terminará con exceso de bilis. Por eso, las disciplinas filosóficas se dirigen tanto al cuerpo como a la mente, y no sólo hacia uno de ellos.

Las frutas frescas deberían madurar en la planta. Las frutas desecadas deberían secarse naturalmente o al sol, pero si fuera necesario usar algún proceso artificial, este debería suministrar un mínimo de calor. Los granos, los frutos secos, las frutas y las hortalizas le proporcionan al hombre un régimen alimenticio completo.

Algunos frutos secos son excelentes fuentes de proteínas para substituir las que se pierden al dejar la carne. Su indigestabilidad desaparecerá si se las muele bien fino o si, crudas, se las transforma en manteca.

Se debe tomar con reserva las ideas exageradas acerca del valor de una dieta vegetariana. Esa dieta no será, de por sí, suficiente para mantener una persona sana o libre de las pasiones inferiores.

El Bhagavad Gita, manual hindú para yoguis desde tiempos muy remotos, recomienda que la alimentación para los espiritualistas debe ser leve y de fácil digestión. ¿Por qué? Porque el estado del cuerpo ejerce influencia sobre el estado de la mente. Un cuerpo habitualmente constipado, con los intestinos estreñidos y sucios de acumulaciones, recibe y difunde venenos mórbidos. Estos, con el tiempo, afectan no sólo los órganos directamente ligados a ellos, sino también los órganos sexuales, la sangre, el cerebro y los nervios. Se estimula la lujuria, se intensifican las ideas negativas.

La abstinencia disciplinada de alimentos prohibidos o desaconsejables no debe transformarse en una causa de tormento.

Quienes cometen faltas contra el cuerpo para asegurar la aprobación de los demás, o para parecer sociables y afables, cometen además la falta de ser débiles, falsos y miedosos.

Si el cuerpo no tolera determinados tratamientos y si es alérgico a determinados alimentos, no se lo debe forzar a aceptarlos.

Ingerir alimentos especiales o sentarse en una caverna aislada no podrá, de por sí, lograr que alguien sea espiritual. Pero podrá disminuir el número de obstáculos en el camino de alguien que desee serlo.

La persona que tiene recelo de modificar sus hábitos de vida, principalmente los de beber y comer, por temor a ser juzgada rara, excéntrica o fanática, olvida que ella es la dueña de su cuerpo y no los demás, que sólo a ella le cabe la responsabilidad por su bienestar.

A medida que la persona se aproxima a la esencia de las cosas, se armoniza con la naturaleza. Y, si es fiel a su propia inspiración, su alimento será cada vez más como lo produce la naturaleza.

No hay un límite preestablecido sobre la cantidad de alimento que se debe ingerir, ni sobre la frecuencia de las comidas. Eso depende del tipo de persona y de su actividad. Cada uno debe descubrir qué lo hace más eficiente.

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