A los papás en su día
Que andan entre el laburo, el coche y el banco
Dejando el futbol y la caña de lao,
Por tomarse los sobrados de una taza caliente de buen cacao,
Que aprendieron a la madrugada A cambiar pañales
Calentar biberones y salir trasnochaos al trabajo,
Con un zapato negro, otro café y el saco voltiao.
A aquellos que los hijos les pintan las ojeras
Con sus trasnochos y berrinches,
Pidiendo juguetes inverosímiles
Con gastos increíbles
Dejando la ropa intacta
Y una enorme factura del Corte Inglés.
Para aquellos papitos
Que aprendieron a ser caballitos,
Y que la ciática existe también en los señores,
Justo donde comienzan los riñones,
La barriga es una buena repisa
Donde los bebés brincan sin prisa,
Los bigotes son las riendas
Y los brazos sirven para atrapar a los retoños
Antes de que caigan en el suelo
Junto a los floreros rotos.
Para aquellos padres que de la mano un sábado,
Llevando a sus hijos al matiné,
Al parque, a comer helados,
A subirse por las barandillas
En franca competencia con estos chirrimplines
Andar de rodillas entre la arena,
Y salir con uno q otro porrazo en las costillas.
Llegar a casa, con ellos dormidos entre los brazos,
Y ver su rostro feliz, abrazados a su cuello
Y sentir que cada momento con ellos vivido
Vale la pena el esfuerzo y que son el mejor regalo recibido.
Para los que aprendieron que los porqués no tienen final,
Los periódicos vienen recortados ya,
Los desayunos fríos y a la carrera son mejores
Para llevar a los chicos a tiempo a los coles.
Ver pasar el tiempo silente,
Donde el reloj solo se marca en las sienes,
De pronto, recuerdan a aquellos chiquillos traviesos
Que hoy, son adolescentes,
Ya no te cuentan sus secretos,
Ni quieren salir contigo a los paseos,
Te cambiaron por las motos,
Los amigos y las parrandas,
Los cigarros y las tomatas,
Las cuentas del teléfono
Y las desaparecidas los fines de semana.
Ya no te llaman héroe,
Solo viejo o catano,
Les ves crecer, hacer sus vidas,
Y que la tuya va pasando
Pero recuerda que siempre al final,
Cuando te necesiten, podrán voltear
Y saber que al extender sus manos,
Estarás allí, con los brazos abiertos,
El corazón presto a escuchar
Y un enorme te amo hijo mío.
A los que ya se han ido,
siempre habrá un recuerdo
en el fondo del corazón
donde ese abrazo se da con regozijo
porque mientras no llegue el olvido
no habrá cabida para el vacío
pues siempre estarán allí
hasta el día del reencuentro final.



