Yo aprendí que ningún hecho real o imaginario de mi
pasado, tiene el derecho de determinar como soy con
mi totalidad en el hoy.
Aprendí que soy un millón de colores,
el haber visitado un color, no me fija en él.
Soy más que eso, soy un millón de colores.
Yo aprendí, que Yo Soy la totalidad, no la parte.
Yo aprendí, que viviendo, al andar el camino, visité
lugares de diferentes tonos.
Lugares blancos, negros, grises, rosas, rojos, verdes y en mi
presente, la memoria de dichos sitios dice, aquí es tu
lugar, tu color, tú hiciste o te hicieron esto y por
lo tanto tú eres así, tú eres de aquí.
La memoria me quiere estacionar en un color,
la memoria me quiere etiquetar en un patrón
me quiere estacionar en una parte.
Pero yo aprendí que yo soy la totalidad, no la parte.
Que dentro de mi totalidad, hay matices a los que
nunca he ido, colores que quiero conocer, para
conocerme a mi mism@.
Yo aprendí que las memorias de algunos colores me
fijan en patrones repetitivos,
patrones que se quieren imponer por sólo tener la
memoria de haber visitado algún lugar en mi camino.
Me quieren estacionar en una espiral repetitiva,
círculos concéntricos que no llevan a ninguna parte.
Pero Yo aprendí que soy fluid@, que prefiero la
aventura de la vida, con sus riesgos, a tener guaridas
o fortalezas donde esconderme o tener que defender
Yo aprendí que soy libre, en mi hoy...
Carlos Antonio Vertiz







