por Betina Arredondo-Olivo el Jue Ago 28, 2008 1:16 pm
3. ¿Qué es el mundo?
El mundo es una percepción falsa. Nació de un error, y no ha abandonado su fuente. Persistirá mientras se siga abrigando el pensamiento que le dio vida. Cuando el pensamiento de separación haya sido substituido por uno de verdadero perdón, el mundo se verá de una manera completamente distinta; de una manera que conduce a la verdad en la que el mundo no puede sino desaparecer junto con todos sus errores. Ahora su fuente ha desaparecido, al igual que sus efectos.
El mundo se fabricó como un acto de agresión contra Dios. Es el símbolo del miedo. Mas ¿qué es el miedo sino la ausencia de amor? El mundo, por lo tanto, se fabricó con la intención de que fuese un lugar en el que Dios no pudiese entrar y en el que Su Hijo pudiese estar separado de Él. Ésa fue la cuna de la percepción, pues el conocimiento no podría haber sido la causa de pensamientos tan descabellados. Mas los ojos engañan, y los oídos oyen falsedades. Ahora es muy posible cometer errores porque se ha perdido la certeza.
Y para substituirla nacieron los mecanismos de la ilusión, que ahora van en pos de lo que se les ha encomendado buscar. Su finalidad es servir el propósito para el que se fabricó el mundo, de modo que diese testimonio de él y lo hiciera real. Dichos mecanismos ven en sus ilusiones una sólida base donde existe la verdad y donde se mantiene aparte de las mentiras. No obstante, no informan más que de ilusiones, las cuales se mantienen separadas de la verdad.
Del mismo modo en que el propósito de la vista fue alejarte de la verdad, puede asimismo tener otro propósito. Todo sonido se convierte en la llamada de Dios, y Aquel a quien Dios designó como el Salvador del mundo puede conferirle a toda percepción un nuevo propósito. Sigue Su Luz, y verás el mundo tal como Él lo ve. Oye sólo Su Voz en todo lo que te habla. Y deja que Él te conceda la paz y la certeza que tú desechaste, pero que el Cielo salvaguardó para ti en Él.
No nos quedemos tranquilos hasta que el mundo se haya unido a nuestra nueva percepción. No nos demos por satisfechos hasta que el perdón sea total. Y no intentemos cambiar nuestra función. Tenemos que salvar al mundo. Pues nosotros que lo fabricamos tenemos que contemplarlo a través de los ojos de Cristo, de modo que aquello que se concibió para que muriese pueda ser restituido a la vida eterna.
Lección 241
En este instante santo llega la salvación.
¡Qué alegría tan grande la de hoy! Éste es un día de una celebración especial. Pues este día le ofrece al mundo de tinieblas el instante que se fijó para su liberación. Ha llegado el día en que todos los pesares se dejan atrás y el dolor desaparece. La gloria de la salvación alborea hoy sobre un mundo que ha sido liberado. Éste es un tiempo de esperanza para millones de seres. Ahora ellos se unirán conforme tú los perdones a todos. Pues hoy tú me perdonarás a mí.
Ahora nos hemos perdonado los unos a los otros, y así podemos por fin regresar a Ti. Padre, Tu Hijo, que en realidad jamás se ausentó, retorna al Cielo y a su hogar.¡Que contentos estamos de que se nos haya restituido la cordura y de poder recordar que todos somos uno!
Extendiendo el Amor de Georgina
En este instante santo llega la salvación.
2. He aquí el único principio que la salvación requiere. 2No es necesario que tu fe en él sea firme e inquebrantable ni que esté libre del ataque de todas las creencias que se oponen a él. 3No tienes una lealtad fija. 4Pero recuerda que los que ya se han salvado no tienen necesidad de salvación. 5No se te pide que hagas lo que le resultaría imposible a alguien que todavía está dividido contra sí mismo. 6No esperes poder encontrar sabiduría en semejante estado mental. 7Pero siéntete agradecido de que lo único que se te pide es que tengas un poco de fe. 8¿Qué les puede quedar a los que todavía creen en el pecado, sino un poco de fe? 9¿Qué podrían saber del Cielo y de la justicia de los que se han salvado?
3. Existe una clase de justicia en la salvación de la que el mundo no sabe nada. 2Para el mundo, la justicia y la venganza son lo mismo, pues los pecadores ven la justicia únicamente como el castigo que merecen, por el que tal vez otro debe pagar, pero del que no es posible escapar. 3Las leyes del pecado exigen una víctima. 4Quién ha de ser esa víctima es irrelevante. 5Pero el costo no puede ser otro que la muerte, y tiene que pagarse. 6Esto no es justicia, sino demencia. 7Sin embargo, allí donde el amor significa odio, y la muerte se ve como la victoria y el triunfo sobre la eternidad, la intemporalidad y la vida, ¿cómo se podría definir la justicia sin que la demencia formase parte de ella? (TEXTO 25.VIII.2-3)
Este instante santo en que la salvación llega es en que experimentamos la paz y la felicidad, el momento en que nos sentimos completos, que nada nos falta, libres por primera ocasión tal vez, podemos caminar con gozo total sin resentimientos, podemos ver la luz dentro de nosotros y en nuestro hermano como un reflejo. Experimentarlo en ocasiones al inicio nos sorprende, porque la sensación en ese momento es ver el mundo desde una dimensión diferente, por primera vez estamos concientes de esta sensación, es salir a la calle y observar personas amables y sonrientes, tal vez ellos no han hecho nada, tal vez lo hicieron y no lo habíamos observado, pero lo realmente importante es que hemos logrado por un momento experimentar esta nueva sensación que era desconocida. Lo opuesto a este instante, que acompaña a la relación santa, son las relaciones especiales de amor y odio, siempre apoyadas en las memorias de un pasado, son éstas relaciones de amor condicionadas por un pensamiento de manipulación y trueque, de te doy solo si me das, te acepto solo si cubres mis requerimientos y expectativas, en ellas los juicios están presentes, vemos el dar como quitarnos algo, casi con envidia vemos que los “otros” reciban, y lo vemos como que nos lo quitaron también. En este tipo de relaciones el instante santo no está presente, son relaciones construidas desde el ego y dentro del mundo ilusorio de su irrealidad, por lo mismo la santidad y la libertad quedan impedidas, el perdón está ausente, todo está cubierto por el velo del dolor del sufrimiento, la culpa y el miedo.
Pero si cada día avanzamos en nuestro proceso de perdón, a nosotros mismos sobre todo, y como extensión hacia otros, podemos asegurar que el instante santo se prolonga, llegándolo a experimentarlo cada día, y el problema que se presente en nuestra vida lo podremos comprender y resolver sin lastimarnos y sin lastimar a otros, porque habremos descubierto que cada problema ha sido una oportunidad de crecimiento, y que siempre podemos dar un giro de 180° en nuestra visión y descubrir que nos ha permitido entrar a un nuevo proceso de evolución de conciencia que nos lleva a un nuevo espacio de luz y de amor.
Nada real puede ser amenazado Nada irreal existe En esto radica la paz de Dios
¡Recuerda que TÚ eres la persona que estás esperando para cambiar TÚ vida!