por Betina Arredondo-Olivo el Dom Sep 07, 2008 7:22 am
4. ¿Qué es el pecado?
El pecado es demencia. Es lo que hace que la mente pierda su cordura y trate de que las ilusiones ocupen el lugar de la verdad. Y al estar loca, la mente ve ilusiones donde la verdad debería estar y donde realmente está. El pecado dotó al cuerpo con ojos, iban a querer contemplar los que están libres de pues, ¿que pecado? ¿Para qué iban a querer la vista, el sonido o el tacto? ¿Qué iban a querer oír o intentar asir? ¿Qué necesidad iban a tener de los sentidos? Usar los sentidos es no saber. Y la verdad sólo se compone de conocimiento y de nada más.
El cuerpo es el instrumento que la mente fabricó en su afán por engañarse a sí misma. Su propósito es luchar. Mas el objetivo por el que lucha puede cambiar. Y entonces el cuerpo lucha por otro objetivo. Lo que ahora persigue lo determina el objetivo que la mente ha adoptado para sustituir a la meta de engañarse a sí misma que antes tenía. La verdad puede ser su objetivo, tanto como las mentiras. Y así, los sentidos buscarán lo que da fe de la verdad.
El pecado es la morada de las ilusiones, las cuales representan únicamente cosas imaginarias procedentes de pensamientos falsos. Las ilusiones son la "prueba" de que lo que no es real lo es, El pecado "prueba" que el Hijo de Dios es malvado, que la intemporalidad tiene que tener un final y que la vida eterna sucumbirá ante la muerte. Y Dios Mismo ha perdido al Hijo que ama, y de lo único que puede valerse para alcanzar Su Plenitud es la corrupción; la muerte ha derrotado Su Voluntad para siempre, el odio ha destruido el amor y la paz ha quedado extinta para siempre.
Los sueños de un loco son pavorosos y el pecado parece ser ciertamente aterrador. Sin embargo, lo que el pecado percibe no un juego de niños. El Hijo de Dios puede jugar a es mas que haberse convertido en un cuerpo que es presa de la maldad y de la culpabilidad, y a que su corta vida acaba en la muerte. Mientras tanto, su Padre ha seguido derramando Su luz sobre él y amándolo con un Amor eterno que sus pretensiones no pueden alterar en absoluto.
¿Hasta cuándo, Hijo de Dios, vas a seguir jugando el juego del pecado? ¿No es hora ya de abandonar esos juegos peligrosos? ¿Cuándo vas a estar listo para regresar a tu hogar? ¿Hoy quizá? El pecado no existe. La creación no ha cambiado. ¿Deseas aún seguir demorando tu regreso al Cielo? ¿Hasta cuándo, santo Hijo de Dios, vas a seguir demorándote, hasta cuándo?
Lección 251
No necesito nada más que la verdad.
Busqué miles de cosas y lo único que encontré fue desconsuelo. Ahora sólo busco una, pues en ella reside todo lo que necesito, y lo único que necesito. jamás necesité nada de lo que antes buscaba, y ni siquiera lo quería. No reconocía mi única necesidad. Pero ahora veo que solamente necesito la verdad. Con ella todas mis necesidades quedan satisfechas, mis ansias desaparecen, mis anhelos se hacen finalmente realidad y a los sueños les llega su fin. Ahora dispongo de todo cuanto podría necesitar. Ahora dispongo de todo cuanto podría querer. Y ahora, por fin, me encuentro en paz.
Y por esa paz, Padre nuestro, te damos gracias. Lo que nos negamos a nosotros mismos, Tú nos lo has restituido, y ello es lo único que en verdad queremos.
Extendiendo el Amor de Georgina
No necesito nada más que la verdad
6. Este mundo complejo y super-complicado no te ofrece ninguna base sobre la que elegir. 2Pues nadie comprende lo que es lo mismo, y todo el mundo parece estar eligiendo entre alternativas que realmente no existen. 3El mundo real es la esfera de la elección hecha realidad, no en el resultado final, sino en la percepción de las alternativas entre las que se puede elegir. 4La idea de que hay alternativas entre las que elegir es una ilusión. 5Aun así, dentro de esta ilusión yace el des-hacimiento de todas las ilusiones, incluida ella.
7. ¿No se parece esto a tu función especial, en la que la separación se subsana al pasar de lo que antes era el propósito de ser especial a lo que ahora es el de estar unido? 2Todas las ilusiones son una. 3Y en el reconocimiento de este hecho radica el que puedas abandonar todo intento de elegir entre ellas y de hacerlas diferentes. 4¡Qué fácil es elegir entre dos cosas que obviamente son distintas! 5En esto no hay conflicto. 6Abandonar una ilusión que se reconoce como tal no puede ser un sacrificio. 7Cuando se desposee de realidad a aquello que nunca fue verdad, ¿cómo iba a ser difícil renunciar a ello y elegir lo que, por ende, no puede sino ser real? (TEXTO 26.III.6-7)
Podemos buscar con el objetivo de encontrar lo que anhelamos, pero si en el proceso éste seguimos manteniendo nuestra unión con la parte oscura, densa y dualista que es el ego, no encontraremos elementos afuera de nosotros en los cuales podamos apoyarnos para sentirnos seguros, completos, amados, gloriosos, poderosos, llenos de luz, porque la sombra del ego todo lo oculta, todo se esfuma, porque él miente y engaña, enjuicia y separa, debilita, no hay salida a la luz ni al amor, no podemos encontrar la verdad, el Hijo de Dios se pierde. La única verdad es la que diariamente nos ofrece el Espíritu Santo, solo Él puede mostrarnos la verdadera Creación de Dios, Su Gran Amor a Su Hijo, porque son Sus enseñanzas de perdón las únicas que nos conducen a la verdad, a la realidad, al sueño feliz, elementos que nos darán la oportunidad de regresar a nuestro Hogar.
El Espíritu Santo nos lleva suavemente a aprender lo que es el verdadero perdón, la poderosa herramienta que nos conduce a encontrar la verdad, a experimentar la realidad de la Creación, nos acerca al amor, a la felicidad y la paz tan anhelada por todos nosotros, es Quien nos enseña a unir nuestras partes separadas para poder mantenernos en la Unidad, Él nos muestra quiénes somos realmente, nos señala amorosamente que no somos cuerpos, que somos espíritus perfectos, a imagen y semejanza de Dios. Es Él Quien nos señala que más allá del resentimiento y del odio, del ataque, la culpa y el miedo, se encuentra el amor liberador. Es Él Quien nos enseña que este mundo ilusorio no es el mundo Creado por Dios, que más allá de lo que percibimos con los sentidos físicos está otro mundo, el mundo real, el mundo del amor y la compasión, un mundo que nosotros decidimos cómo deseamos verlo y cómo deseamos experimentarlo. Lograr esto solo requiere permitir ser conducidos por el Espíritu Santo.
Nada real puede ser amenazado Nada irreal existe En esto radica la paz de Dios
¡Recuerda que TÚ eres la persona que estás esperando para cambiar TÚ vida!