Lo que vosotros sois para mí, es un amado hermano, y no sólo para mí, sino para todas las entidades, visibles o invisibles, en todos los universos y en todos los niveles de vida. Porque todos estamos unidos a través de la gracia, la inteligencia y, mucho más, a través del amor que se llama Dios, el maravilloso pensamiento que te sustenta y mantiene durante toda la eternidad, a pesar de todos tus exorbitantes esfuerzos.
Te amo, hermano, estés donde estés. Ya sea que profeses
tu culto en la iglesia, te prosternes en el templo u ores en la
mezquita. Tú y yo, todos, somos hijos de una sola fe, porque los
diversos caminos de la búsqueda del Ser son los dedos de la amorosa mano del
Ser Supremo, una mano extendida hacia todos, que ofrece la integridad
del espíritu a todos, deseosa de recibirlos a todos.
El señor dios de mi ser bendice al señor de vuestro ser.


NAMASTÉ.
PARA TODOS 
